viernes, 5 de diciembre de 2014

Actuar de forma templada nunca fue ser yo misma,
impulsiva, pero no inmadura, más bien sincera
Tampoco consideré jamás hacer lo correcto antes que lo que intuyo estar viva,
y me da mucho miedo la muerte
Puedo decir, y digo, que me voy a olvidar de ti, hacerme creer que eres "uno más", que no te he respirado durante un año entero de mi vida,
pero llevo cuatro infernales meses intentando odiarte,
despreciarte,
echarte,
aplastarte,
ridiculizarte,
matarte                                                                     dentro
y no puedo.
No me dejo.
Creo recordar que en un momento continué esto haciéndote mil promesas.
He de corregir lo anteriormente dicho.
Retomo en el "No te voy a olvidar", y me reafirmo. No te voy a olvidar, tampoco te voy a despreciar.
Nada es blanco, nada es negro.
Tu recuerdo es agridulce y mi corazón tampoco es amargo.
Te he amado como pocos pueden decir que han amado a los 18.
He querido conservarte en mi vida porque te he considerado importante, porque me has curado heridas, porque transformar tanto amor en un amor distinto, pero no menos fuerte, hubiera sido maravilloso. Quiero creer que hubiera disfrutado de ti bajo una nueva perspectiva.
Hoy he aceptado que no puedo luchar contra tu indiferencia, y que tampoco eres culpable de ella.
No me creo capaz de darte con la puerta en las narices jamás si algún día llamas a ella, pero tampoco voy a llamar yo a la tuya.
Te di todo lo que tenia, teñido de dolor, y, quiero creer, solo pudiste lanzármelo a la cara, echarme, esconderte de mi lo mejor posible.
Te perdono.
No recibí ni un simple felicidades por mi decimoctavo cumpleaños, cuando yo he recorrido calles de Roma en Julio para buscar postal, sello y buzón por ti. Solo por ti. Y ya me habías roto el corazón.
Te perdono.
También me he exprimido la cabeza, te he buscado ayuda, he escrito largas cartas con el único fin de hacerte feliz, o de hacértelo mas llevadero cuando ser feliz para ti era complicado. Jamás podrás negarte a ver cuanto tiempo te he dedicado, que puros y desinteresados han sido algunos gestos.
No me arrepiento. He sido preciosa.
No pretendo echarme flores, era así porque estaba enamorada, y eso no tiene ningún mérito.
Al final, después de retorcerme de dolor un tiempo, me he levantado sola y te he perdonado.
Te he perdonado porque todos hacemos cosas imperdonables y estoy convencida de que tienes tus razones y que un día te miraré a los ojos y, si no veo orgullo, te diré que lo entiendo. 
Te he perdonado porque te he querido y te he mimado.
Tampoco te puedo culpar del hecho de que no podamos elegir a quién amamos, y por primera vez lo veo.

Te voy a echar siempre de menos, me llenaste el corazón y la cabeza de flores y fuiste todo mi mundo durante unos meses, jamás lo olvidaré.
Sin embargo dejé de ser esa persona, me saqué a mi misma del infierno y como ya te dije una vez, no te necesito para ser feliz.








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