Los viernes las ausencias se hacen más pesadas.
Hoy, en este momento y en este lugar, a pesar de que es una tragedia diminuta, no hay nada más doloroso que saber que te has ido, que nunca volverás, que te he querido tanto que no has podido soportarlo.
No hay soledad más grande que saber que estás más lejos que cualquier otro ser humano y que daría cualquier cosa por que sujetaras mi mano y acunaras mi pena, por retroceder durante un rato a las personas que éramos hace seis meses, y sin embargo estoy sola.
La desesperación de saber que no puedo dejar de quererte y de que seguiré sufriendo mientras lo haga es tan inmensa que me absorbe hasta dejarme sin respiración y sin energía para luchar por ella.
Y lo más injusto de todo es que tú eres feliz en tu rincón del planeta, a miles de kilómetros de aquí y seguramente ya no te importe la persona que hace menos de un año creías firmemente amar mientras ella sabía que te amaba y se ha quedado atrapada por los escombros de tus destrozos.
Huiste para no verlo.